Hoy; tengo tanto miedo de admitir quién eres en mi vida, creo que jamás había sentido esto que me quema por dentro, y me desgarra el alma, no quiero aceptar que tú seas ese del que tanto había escrito, el protagonista de cada una de mis letras, me duele aceptar que seas tú el otro extremo de ese hilo rojo que siempre negué que existía.
A los 13 años soñé con encontrarte e hice tu primer carta de bienvenida, esperando que fuese pronto el encontrarte y que la magia de tu presencia le diera una razón distinta a mi vida. Parecías encajar en cada detalle de esa vieja carta de letra chueca sin tildes, yo asimilaba que te iba a gustar, sabía de la timidez que había en mí en esa época y que no sabía que te iba a decir cuando te viera.
Ese día descubrí que aunque no fuese buena para escribir era algo que yo quería hacer, era algo que al fin me dejaba ser yo, con el paso del tiempo me cansé de esperarte y pensé que solo eran sueños de una niña enamorada del amor, vaya que se me pasó rápido dejé de escribirte 17 años después cuando te conocí y te perdí, te perdí aún sin tenerte, aún sin decirte lo mucho que extrañé verte.
Era ésta la realidad eras sólo un sueño del que debía despertar, ese miedo de encontrarte se convirtió en el miedo de perderte, perderte aún sin tenerte, me enojé tantas veces por encontrarte "tarde" como le llamabas tú; para mí fue exacto, te quise, te quiero y te voy a querer siempre aún a pesar de esa cobardía tuya que no te dejó soltar lo que tú sabías que tampoco era para ti.
También me esperabas, yo lo sé y lo supe desde hace mucho, tú sabías que a tu vida le faltaban las locuras que te harían reír, y lo admito yo ya había dejado de buscarte, ya no te esperaba ya me había resignado a que solo fueras la utopía de mis letras, pero se te ocurrió aparecer, llegar, irte y no volver, lo supiste ese día cuando todo el universo conspiró a tu favor, todas esas citas fueron perfectas.
Y sigo con miedo de admitir que seas tú el otro extremo de mi meñique, tengo miedo de admitirlo porque si eres tú yo ya no podré vivir todo lo que escribí en ese diario viejo, en esos cuadernos de papel reciclado y la parte de atrás de mis cuadernos de música.
No quiero admitir que seas tú, porque perderte duele más que no encontrarte...
No hay comentarios:
Publicar un comentario