Noche para dos.
Más que catarsis eran excusas,
quería convertir suspiros en letras
pese a la advertencia
que le había dejado la experiencia.
¿Era acaso demasiado tarde?
Sobraban palabras y faltaba valor,
para dejar que un beso
marcara un comienzo.
Y siendo el firmamento su único testigo
y aquel clima uno más de sus aliados
olvidó salir corriendo
tal como lo había planeado.
Y el clima conspiró a su favor,
no hubo más alternativa
que aquella de calmar el frío en sus brazos
no existió otra opción más que aquella
de guardar silencio con sus besos;
parecía estar escrito ese beso
ya no era prohibido.
Esa noche tampoco era prohibida
ya no era más tuya o mía
era una noche para los dos.
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